Antonio Andrés Pueyo: “La prevención de la violencia de género es posible y mejorable”

Antonio Andrés Pueyo

Antonio Andrés Pueyo: “La prevención de la violencia de género es posible y mejorable”

Antonio Andrés Pueyo, catedrático de Psicología por la Universidad de Barcelona y director del Máster de Psicología Forense y Criminal de la misma universidad desde 2001, será el encargado de pronunciar la conferencia marco del día 24 de noviembre en las X Jornadas Estatales de Psicología contra la Violencia de Género en Pamplona y que llevará por título “La predicción y gestión de la violencia de género“. Hemos hablado con él para que nos avance su participación en las Jornadas.

¿Qué quiere aportar con su presencia en las Jornadas de Pamplona?
En respuesta a vuestra amable invitación, mi expectativa es trasladar a la audiencia la idea de que la prevención de la violencia de género es posible y técnicamente mejorable. Que no es un “son sonete” hueco de significado y a la moda. La prevención de este tipo de violencia es posible y los profesionales que se ocupan en esta tarea tienen, en la tecnología de la valoración y gestión del riesgo de violencia, una herramienta de enorme eficacia para mejorar su actividad profesional. El mensaje inicial es que la prevención no es solo un mantra de auto-satisfacción, es un conjunto de recursos para el combate eficaz de la violencia, en este caso de género.

El título de su ponencia es “La predicción y gestión de la violencia de género”. Entiendo que al hablar de “predicción” se referirá más a los casos de personas que hayan sido juzgadas como violentos (que cumplan prisión, algún tipo de penalización…). ¿Qué mecanismos tienen para valorar que una persona sea considerada “previsible” que vuelva a reincidir?
Hablar de predicción, de valoración del riesgo de violencia, es algo más que hablar de aquellos condenados por violencia de género. De hecho la predicción es el primer paso de la prevención y, naturalmente busca evitar la reincidencia delictiva, pero no es únicamente algo pensado para el maltratador. Es una tecnología que se aprovecha de todos los recursos disponibles para evitar la revictimización de la mujer a manos de su pareja o ex-pareja, incluso de una nueva pareja. En cuanto a la segunda pregunta hay que decir que la criminología y la psicología criminal, en los últimos 20 años, han desarrollado recursos y procedimientos explícitamente pensados para prevenir (predecir y gestionar) el riesgo de violencia – en este caso contra la pareja – que son de gran utilidad para profesionales de la policía, de la judicatura, de los servicios sociales, pero especialmente de los psicólogos adscritos a los distintos contextos profesionales que se ven implicados en la prevención de la violencia de género.

Estos mecanismos de trabajo… ¿han variado mucho con el paso de los años?
La respuesta es afirmativa. Tradicionalmente la valoración del riesgo de violencia estaba asociado a la evaluación forense de la peligrosidad criminal en el marco penitenciario. Este modelo tecnológico se ha mantenido, en el campo de la delincuencia violenta, vigente durante caso un siglo, pero es insuficiente para las circunstancias de la violencia de género. La “novedad” en la consideración jurídico-penal de la violencia de género ha puesto sobre la mesa la insuficiencia del modelo de la peligrosidad criminal en el pronóstico de la reiteración delictiva de los maltratadores de pareja. Y, por la razón antes planteada, a mediados de los años 90 del siglo pasado, se implementaron nuevas estrategias y técnicas para predecir el riesgo de violencia, en el contexto de la violencia contra la mujer en el seno de la pareja, que se han extendido muy rápidamente por numerosos países, empezado por Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido y continuando por los países europeos, incluyendo España, y ahora se difunden por Latinoamérica.

¿Es posible prever la violencia de género de hombres que no tengan antecedentes?
Sin duda, aunque no es una tarea fácil. Tampoco lo es en los que ya tienen antecedentes. La tecnología de la predicción del riesgo se basa en disponer de información válida y fiable que son más escasos en los “maltratadores primarios” (es decir sin antecedentes) pero los técnicos entrenados en esta tarea saben como obtener información relevante, extraer la más útil y velar por hacer las cosas de acuerdo a los estándares de las herramientas.

Supongo que un factor muy relevante para su trabajo es conocer los orígenes de la violencia. ¿Se puede definir de una forma general por qué existe la violencia de género?
En mi opinión la violencia de género, un caso más de la llamada violencia interpersonal, tiene su origen en el convencimiento de la legitimidad por parte del hombre de su uso en distintos contextos donde se encuentra su pareja (generalmente mujer). Estos contextos son los de los conflictos interpersonales (de distinta génesis), las creencias y actitudes violentas (machistas, y similares) que muchos de los maltratadores comparten. La realidad de la voluntad de dominio de la mujer por parte del hombre es también una fuente de causas que ayudan al desarrollo empírico de estos temas… Desgraciadamente las sociedades en que vivimos, a pesar de ser Estados de Derecho, tienen una tradición y estructura de predominio masculino sobre lo femenino.

¿Qué tipo de programas existen en los centros penitenciarios para que los agresores dejen esta actitud violenta?
En las prisiones españolas y catalanas, como en la mayoría de países europeos, existen muchos programas de intervención. Los hay genéricos (es decir para todo tipo de delincuentes hayan cometido el delito que hayan cometido), como los que luchan contra las consecuencias de la mala salud mental y las adicciones, por ejemplo. Y también existen específicos (según en tipo de delito cometido por el interno), en concreto para maltratadores de pareja. Estos programas, tanto en prisiones como en medidas penales alternativas, son análogos a los que hay a nivel internacional y de eficacia, limitada pero, contrastada. Generalmente estos programas de tratamiento son programas de inspiración cognitivo-conductual, modulares, de aplicación grupal y de una duración larga (meses) o menos larga (semanas) en función de las características psico-sociales y criminológicas de los maltratadores condenados.

¿Qué porcentaje de las personas castigadas judicialmente como violentas (en el caso de la violencia de género) son reincidentes una vez han cumplido el castigo impuesto por los jueces?
Este dato no es una simple cifra que se pueda indicar como cuando decimos cuál es la temperatura media de un día en una ciudad. Los estudios de reincidencia delictiva en agresores de pareja son muy variados y heterogéneos. Los han hecho los servicios policiales, penitenciarios y de medidas penales alternativas. Las cifras son variables así, por ejemplo en general la reincidencia, en violencia de género, penitenciaria se sitúa entre un 30-50%. Si hablamos de reincidencia en delitos graves de violencia de género se sitúa en torno al 20% y, cuando se aplican los tratamientos adecuados, las tasas descienden hasta un ratio del 8 al 10%. Estos datos son provisionales y tienen un importante nivel de error porque los estudios son muy heterogéneos (metodológicamente) y con el tiempo se obtendrán mejores estimaciones. No obstante hay que tener presente que las cifras de violencia de género son muy “oscuras” y constituyen una cifra negra que poco a poco se va tornando más traslúcida.

¿Considera que será posible que llegue el día en el que veamos la violencia de género como algo superado?
Ningún fenómeno social tiene una prospectiva de nivel cero en el futuro. Esto no pasa ni en el campo de las enfermedades, así que menos en los problemas sociales. Sí que podemos afirmar que la violencia contra la pareja más grave y la de naturaleza sexual está disminuyendo y, seguro que con las medidas preventivas y las actuaciones que se llevan a cabo, tanto a nivel oficial como comunitario, la violencia de género, es decir aquella asociada a los conflictos de pareja entre hombres y mujeres, se irá reduciendo. La sociedad avanza en la dirección de encontrar nuevos recursos no-violentos para resolver los conflictos y en una mejora de la salud y el bienestar que, indirectamente, reducirán la violencia de género. No quiero decir que desaparecerá, sino que se reducirá pero seguirá habiendo asesinatos y maltrato de pareja, en niveles más reducidos. Este objetivo se conseguirá si hacemos lo necesario para que suceda, no sucederá por “germinación espontánea”.

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